1 jul. 2011

Prefiero estar loca que enferma de cordura


EL LOCO 
Me preguntáis como me volví loco. Fue así. Un día, mucho antes de que nacieran algunos dioses, desperté de un profundo letargo y descubrí que me habían robado todas mis máscaras -si; las siete máscaras que yo mismo me había confeccionado, y que llevé en siete vidas distintas-; corrí sin máscara por las calles atestadas de gente, gritando: “¡Ladrones! ¡Ladrones! ¡Malditos ladrones!”

Hombres y mujeres se reían de mí, y al verme, algunas personas, llenas de horror, corrieron a refugiarse en sus casas. Y cuando llegué a la plaza del mercado, un joven, de pie en la azotea de su casa, señalándome gritó: “Miren! ¡Es un loco!” Alcé la cabeza para mirarlo, y por vez primera el sol besó mi desnudo rostro, y mi alma se inflamó de amor al sol, y ya no quise tener máscaras. Y como si fuera presa de un trance, grité: “¡Benditos! ¡Benditos sean los ladrones que me robaron mis máscaras!” 

Fue así que me enloquecí. 

Y en mi locura he hallado libertad y seguridad; la libertad de la soledad y la seguridad de no ser comprendido, pues quienes nos comprenden esclavizan una parte de nuestro ser. 

Pero no dejéis que me enorgullezca demasiado de mi seguridad; ni siquiera el ladrón encarcelado está a salvo de otro ladrón. 

Khalil Gibran 

Recién regreso a casa con Chocolate y mi familia después de una semanas internada en un lugar donde conocí seres maravillosos y únicos, que estaban ahí por haber reventado ante dosis excesivas de eso que llaman cordura. A muchos los convencieron de que estaban enfermos y que estar ahí era lo que se habían ganado por no guardar compostura y aceptar estoicos la mierda del mundo, y me toco ver muchas veces las lágrimas del dolor que puede provocar no encajar, yo misma las he derramado por que cuesta aceptar que ser diferente y ver el mundo con otros ojos no es algo malo. De pronto pienso que si muchos de los que estaban ahí llegaron al extremo de la violencia contra si mismo u otros, fue por que trataron de meterlos a la fuerza en un molde.

Debo de admitir que la estancia no fue del todo mala, disfruté de verdad la compañía de los que compartían el encierro conmigo, fue más bien el encierro psicológico el que me afectó. Durante esta semana tuve miedo de mostrar mis emociones por que sentía que si lo hacía me amarrarían a la cama otra vez o me darían un medicamento que me mantuviera aturdida y quieta, o que algo de mi comportamiento provocara que estuviera más tiempo alejada de mi familia. Tampoco me gustó que los conejos deben ser siempre blancos y que no puedes recortar de un pedazo de fieltro un ojo más chico que el otro para después pegárselo al pollito que estas confeccionando. Me pareció terrible que me regañaran como si estuviera matando a alguien por replantar un arbusto que yacía raíces arriba por que alguien se tropezó y lo tiró, y que ni siquiera escucharan la explicación que les daba sobre porque escarbaba en la tierra. También había muchas caras con gestos de hastío detrás del mostrador de la enfermería y gritos de hartazgo por una estresante jornada de trabajo mismo que también nos transmitían.

Pero hubo por cada rama con espinas una rosa al final que recordaré por siempre. La sonrisa de una hermosa niña con pomada embarrada en el cabello que me maquilló como apache con la crema que se aplicaba para aliviar el dolor que habían dejado las correas con las que las que estuvo varios días atada a la cama. Una cabellera alborotada y roja que enmarcaba una cara sonriente, acompañada de otra que en sus ojos contenía la luz de un niño que acababa de hacer una travesura que fueron los primero en ofrecerme un lugar junto a ellos la primera vez que abrí los ojos en ese lugar que no era mi casa. Un jovencito con un gran corazón que tenía la chispa que tienes todos los que comienzan a descubrir el mundo. Dos jóvenes que cuando te decían que no eran hermanos no se las creías. Una muchacha con ojos de ratoncito asustado que provocaba abrazarla, otra más que en silencio miraba a su alrededor y que aunque aquello que la dejó muda aun la perseguía, siempre estaba dispuesta a jugar si se lo pedías. Una mujer maravillosa que contaba historias de su infancia todas las noches porque no podíamos dormir. Otra señora regordeta, rojiza y bonachona como las cocineras que a veces dibujan en los cuentos que me adoptó como sobrina honoraría y con la que me fui varias veces de paseo al bosque convertidas en nube. También estaba un señor alto alto alto, tanto que cuando le daba masaje en los hombros me tenía que subir a una silla para alcanzarlo, me divertía mucho con sus historias sobre su rancho y sus miles de milpas con  la expresión de un niño pequeño contando sus juguetes. Otros momentos alegres eran cuando por un rato entre todos los pacientes lográbamos cambiar las caras de guarache de alguna enfermera o camillero y jugaban con nosotros.

Después de esta semana estoy cada vez más convencida que lo que tiene al mundo patas arriba es el condenado exceso de cordura, así que queridos amigos bienvenida sea la locura que nos permite escuchar la poesía que el universo  nos susurra a cada momento y que muchas veces permanecemos sordos a ella. Gracias especialmente a la niña de las manos de pomada, me recordó que aunque al dormir existen pesadillas, siempre vale la pena hacerlo por que también llegan a ti sueños que te hacen pasar experiencias increíbles y hermosas, después de todo si las pesadillas llegan siempre podrás darles un manotazo para que te dejen en paz.

 

Sonrían y buena vida

P.D. Menos mal que tenía dos pares de calcetines de rayitas y calzones limpios, si no solo dios sabe que hubiera sido de mi jajajajajajajajaja

2 comentarios:

Gerardo P. Taber dijo...

Mi estimada Isis-Cat:

Coincido contigo. El mundo esta enfermo de cordura. Es una verdadera desgracia que para poder desarrollarnos y vivir en el mundo de "las apariencias y las máscaras" nos obliguen a renunciar a otras realidades que a veces se asoman. Creo que nunca te lo dije (pero tal vez lo intuiste) pero yo también estoy en contacto con "esas" otras realidades de vez en cuando. Me quede muy intrigado de la otra vez que "hablamos" por el Facebook y me gustaría poder platicar contigo personalmente. Me gustaría que me contaras tu experiencia en el "Asylum" pues en mi caso, creo que pronto, y voluntariamente, deberé internarme en una de estas instituciones por un tiempo. Pues hay muchas cosas de mi vida que necesito revalorar y necesito tiempo lejos del "deber ser". Nos comunicamos en estos días. Te mando muchos saludos.

Fan Fan dijo...

Ya se me había olvidado por qué eras mi amiga, derrepente se necesitan experiencias como esas para poder identificar las cosas importantes de la vida, te quiero amiga.

Y a OUI OUI vamos a ver Metropolis musicalizada en vivo!!! de hecho ahora mismo compro los boletos por INTERNEEEEE

Un gran abrazo