1 nov. 2010

Que vengan los muertos



Cuando estoy feliz, siento en el cuerpo exactamente la misma sensación que me provoca el aroma de las cempazuchitl, por eso estos días en que su perfume está por todas partes me entran las ganas de saltar y ser intrépida. No debería a nadie sorprender mi fascinación por la muerte, con eso de que yo acostumbro mucho morirme de a mentiras (y una que otra vez casi de a de veras).

 Casi siempre se me muere el corazón por mi descuido de andarlo dejando por aquí y por aya, siempre he sido descuidada y distraída. Para mi fortuna mi corazón tiene más vidas que un gato y hasta ahora ha revivido una y otra vez, pero por si las dudas lo escondí para protegerlo de mi misma, como se acordarán después del último golpe decidí darle un descanso.

 En estos días en que acostumbramos andar en los cementerios recordando a los muertos, se me ocurrió regresar a ese paraje donde hace relativamente poco dejé algo enterrado, parece que ya alguien había intentado sacarlo de su tumba pero no tuvo mucho éxito. Tal vez si pruebo con mi artes de Isis logro regresar a la semilla de ese amor desde el fondo del inframundo a donde lo arrojé, después de todo, ya no tengo corazón.

 Hace un año un hermoso ciervo que me rescató en un momento de ira y dolor, me enseñó la importancia de dejar las cosas claras cuando de amores se trata, pues es la mejor forma de protegerse de las caídas en picada. Cuando ambos aprendimos aquella lección ya habíamos caído de nuestras respectivas nubes y teníamos las heridas abiertas. Ahora que he decidido desenterrar a los muertos de un pasado más cercano, el ciervo me advierte que mi osadía puede tener consecuencias y que si decido saltar otra vez entre las nubes debo asegurarme de tener mis propias alas para que no caiga si la nube se esfuma.

Ya le he dicho al Ciervo que pierda cuidado, pues ahora que ya he visto el verdadero rostro del que yacía enterrado  y se donde esconde los colmillos, no me cogerá desprevenida. ¡Que los muertos vengan entonces! que estoy lista para jugar y ya tengo mis alitas puestas.

Sonrían y buena vida.

1 comentario:

Meryone dijo...

esas flores que parecen crisantemos se llaman no-sé-cómo-que-pone más arriba?

me gustan...

besos

ps. ando visitando los blogs desde el reader (cuando lo miro) por eso ando tan desaparecida. De todo menos tuiter...