12 nov. 2010

Peligro

Travesuras del amor /Manuel Ocaranza/¿1868?























Ya he dicho antes que pienso que el amor no es para los cobardes, entregar el corazón es un acto peligroso. Hay que tener extrema confianza pues no sabes si el otro cuidará de el para que no se rompa o lo echará por la trituradora de basura a la primera oportunidad. Tampoco puedes asegurar que tu tendrás el temple necesario para corresponder a tal acto de fe. Amar también es cosa de paciencia, darse tiempo de conocer al otro para no caer en el error de subirlo en un pedestal. Aun si este tiene la altura de una banqueta, si no abres los ojos a tiempo corres el riesgo de tropezarte y romperte la cara.  Suele pasar que en tu intento de no caer hagas que el otro pierda el equilibrio y se vaya de bruces aplastando tu corazoncito, que para tu mala suerte traía guardado en el bolsillo de la camisa. Otra cosa que puede pasar, es que hayas olvidado limpiar tus lentes y justo cuando crees que él esta estirando la mano para recibirlo, resulta que solo se iba a rascar la cabeza. Lógicamente cuando te das cuenta de lo que pasa ya es muy tarde, solo escuchas como se hace caca contra el piso y no te queda más que recoger los pedazos. 

 Cuando algo se rompe jamás vuelve a quedar igual, no importa cuan meticulosa seas al restaurarlo (usando materiales compatibles, estables y reversibles claro está) al final te das cuenta de que las piezas ya no encajan del todo y que hasta te faltan piezas. Entonces tienes de dos sopas, te consigues uno nuevo, bonito y reluciente como canica chupada, o argumentas valor histórico y marcas de uso(perdón si se me sale la ñoñés). Si escoges la última y eres inteligente esas marcas te recordarán que debes ser un poquito más cuidadosa, por que mira que Brâncuşi te puede demandar por andarle pirateando las columnas. Acéptalo eso de a cada rato andar subiendo a un pedestal kilométrico a cualquiera que te dice “ojos lilos” no habla muy bien que digamos de la eficiencia del hámster que corre en tu cabecita. 

En todo caso, es mejor irse despacito, muuuuy despacito (pero por favor si te das cuenta de que el asunto se comienza a parecer a la canción, ponte los anteojos por que quiere decir que ya te volviste a creer arquitecto), cuando ambos decidan que es tiempo de sacar los corazones a pasear, habrá menos peligro de que en un momento de torpeza se les escurran entre los dedos. Porque ha como son babosos los condenados (claro que cuando digo baboso me refiero a algo alusivo a la baba ¿ok?, con eso de que luego se mal interpreta mi uso de la palabras prefiero dejar claras las cosas jajaja) es re fácil que se te resbalen al primer descuido. 

Es más mamacita ¿quién te dijo que el corazón se anda regalando? no mujer, en esas cuestiones es mejor emular a los electrones de un enlace covalente, que dícese según yo de cuando dos átomos comparten electrones pero no hay ninguno que tenga que cederlos (claro está que si me equivoco y hay algún químico guapo y soltero, que me quiera sacar de mi error mientras nos echamos un cafecito un domingo por la tarde, soy materia dispuesta). 

Hay que estar conciente que los corazones no siempre resisten mucho tiempo fuera del pecho. Por lo que más quieras, cuando veas que el aire comienza a oxidarlos y ponerlos negritos como plátano, acepta que es tiempo de guardarlo y despedirse amablemente de aquel que te prestó su corazón, toma el tuyo y sigue tu camino. Nunca debes querer que las cosas sean eternas, el que se empeña en ello pronto terminará por agotarse, cuando uno está cansado es re fácil que las cosas se te caigan, y mocos otra vez el corazón al piso… 

¡AAAH! me he modido da dengua y ed bedaso dalio codiendo, be desbido bor gue dengo gue id a adcansarlo. 

Dondían y bueda vida.

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