30 nov. 2010

Mi novio japonés



Hace aproximadamente un año conocí a Shingo, un chico de Tokio bastante simpático con el que suelo hablar por skype los fines de semana y quedarme metida en la conversación hasta que a alguno de los dos nos llega la mañana.  Siempre me dice cosas que suenan tan bonitas, pero que por obvias razones me cuesta creerme, que si está enamorado de mi, que si me extraña, que si apenas ahorre cruza el charco y me rapta. Podría ser que porque yo nunca me lo he tomado enserio estoy convencida de que tampoco el lo hace, y que para ambos esas horas que pasamos sentados frente la computadora mirando nuestras caras a través del monitor son una suerte de una chaqueta mental.

Eso de los amores por correspondencia es algo muy viejo, tener un enamorado al otro lado del planeta del que solo sabes lo que lees no es algo que se inventó con la llegada del Internet a nuestras vidas, claro que la diferencia es que con eso de las redes sociales y los celulares con Internet, la distancia ya no es la gran cosa; a demás que suele pasar que aunque tengas a las personas a dos cuadras de tu casa, al final resulta que por cuestiones laborales y de escuela, se hablan más por Facebook de lo que se ven en persona (que triste). A pesar de todo eso, no se por qué jamás he logrado tomar a Shingo enserio, sigo absolutamente incrédula a sus palabras, y vaya que soy re buena para andarme trepando a las nubes a la menor provocación.

Me gustaría aprender a manejar mis relaciones de la manera que lo hago con Shingo, no me refiero al aspecto de la total incredulidad (eso también está mal), si no más bien a que en realidad no genero ninguna expectativa de lo que podría pasar con nosotros, solo disfruto y ya.  De verdad que soy masoquista, se perfectamente lo que me lleva al carajo, pero lo sigo haciendo una y otra vez como mosca que se pega contra la ventana. Es lamentable que necesite 15 horas y miles de litros de agua para no precipitarme y aventarme a las nubes a la primera oportunidad.

En fin me retiro a hacer tarea, para variar.

Sonrían y buena vida.

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