18 sept. 2010

Las hormonas al ataque otra vez

Yo sobre una instalación de un Brasileño que no me acuerdo como se llamaba, pero que estuvo a principios del 2010 en el MUAC. Un piso lleno de basculas, justo como salido de mis pesadillas
Hay días en que amaneces con uno de esos humores de la chingada, que pareciera que tu cabeza anda en la montaña rusa y te llevan a emputarte hasta ponerte roja por que la mosca se te paró en la mano para luego llorar como magdalena porque voló para otro lado. Luego está esa hambre voraz que te da y sumándole tus altibajos emocionales, mandas al carajo la dieta y te entregas a la autocomplacencia con un tazón gigante con 12 bolas de helado, jarabe de chocolate, crema batida, nueces y una cereza para rematar. Claro en la noche estás que te das de latigazos por que te subes a la bascula y subiste 500 gramos o porque el pantalón no te cerró; si lo sé, una puede ser muy poco objetiva y no tomar en cuenta que es imposible que ese helado haya tenido consecuencias tan rápido, probablemente el cierre no subió por qué estás inflamada o esos 500 gramos son el relleno de tus intestinos que no has dejado salir. 

Qué me dices de cuando te llegan esos retortijones en el vientre, que son tan fuertes que sientes como si alguien te estuviera metiendo la mano por el coño tratando de arrancarte el útero cual sacerdote azteca descorazonador, además del dolor de cadera que te cargas que es uno de esos que no te dejan estar parada ni sentada. Con todas esas sensaciones hasta se te baja la presión, no puedes ni pensar y tus emociones que ya de por si eran un lio comienzan a volverse contra ti. En una de esas te encuentras a  Fulanito que despreocupadamente va cantando la canción de "Despeinada" y como no te dio tiempo de peinarte pues te levantaste tarde porque al puto de Morfeo se le ocurrió venirte a visitar hasta las 5 de la mañana, arremetes contra sus huevos porque asumes que te está cantando a ti (porque claro tu lado paranoico esta saliendose), para luego acabar chillando a mares porque te mienta la madre mientras se retuerce en el piso sobándose la entrepierna. 

Luego de secarte las lágrimas en el baño, te miras en el espejo y con lo que observas te dan ganas de gritar. No solo tienes el gallo parado y la cara hinchada de llorar, notas ese barro gigante que te sonríe y le aplaude a otro que baila en tu nariz (ups creo que los cólicos comienzan a hacerte alucinar). Estás confundida, no sabes que te pasa y por qué eres un total desastre que alucina con granos parlantes que encima se burlan de ti. 

Entras al baño y justo cuando te bajas los calzones para hacer pipi, miras de reojo y exclamas ¡puta madre eran nuevos! Exacto, se te volvió a barrer la cuenta y no te pusiste esos de abuelita que te vale madres si se manchan de sangre. Terminas lo tuyo, te sales y vas a conseguir una toalla antes de que acabes con un tiro al blanco en el trasero; mientras caminas reflexionas sobre tu estado, comprendes entonces  porque en la mayoría de las religiones la mujer está tan mal parada, te dices a ti misma -si yo hubiera estado en esos tiempos en los que se fundaron las viejas religiones también hubiera pensado: Dios debe odiar a la mujeres, échenselas al perro.

Después de todo eso llegas a tu casa a sentarte frente a la compu y mientras le clavas alfileres a ese muñequito identico al último susodicho que te partió el corazón, escribes una entrada absurda en tu blog o pones frases emo en el facebook y el mesenger, al mismo tiempo que escuchas canciones merteolatosas, te engulles ese famoso helado de 12 bolas y repites con la boca llena ¡Futas orfmonas!

 

Si alguien se atreve a decirme hoy que las sonrisas también pueden ser para mi le parto su madre, déjenme regodearme en mi inmundicia. 

Ustedes sonrían si quieren (la verdad hoy me vale madres), buena vida

1 comentario:

Gerardo P. Taber dijo...

Ummmmmm interesante post. Más información de la que hubiera querido saber con eso de los "calzones de abuelita manchados de sangre" pero en fin. ¿Qué te puedo decir? soy hombre, las hormonas se nos mantienen más menos estables por todo el mes. Eso si, exceso de testosterona hace que nos pongamos un poco violentos; pero nada que no se pueda solucionar con "una mano amiga".