18 sept. 2010

Árboles

Dulce desenvuelto
 Una vez más escupiré mi corazón herido, lo levantaré del suelo, lo limpiaré, le pondré un curita y… no está vez no lo tragaré para que reviva en mis entrañas. Está vez probaré algo distinto, lo echaré a macerar en vino tinto, lo pondré en un cajita de roble, le contaré un cuento y después de darle un beso, sellaré la caja y lo tiraré al mar. 

Si, en vez de un corazón me tragaré una bellota (o cualquier otra semilla estaría bien), para que me crezca un árbol dentro y las ramas se me salgan por los oídos y en vez de pelo me crezcan hojas. Ya lo veo, en mi ombligo las ardillas harán su casita, entre mis dedos las orugas se colgaran para hacer sus capullos en vez de aretes un gorrión en cada oreja y entre los dientes… entre mis dientes una irán a jugar las hurracas 

Una de esas aves que tienen fascinación por las cosas brillantes (una igual o mayor que la mía), bajará por mi espalda hasta mi cintura y sacará de mi bolsillo tu envoltura que aun resplandece como el yelmo de mambrino. Esa que me deslumbró atrayéndome como mosca a la miel, pero que contenía una barra de aparente dulce oscuro con un decepcionante sabor amargo, más amargo que los huesitos de naranja o las tabletas de naproxen. La urraca escapará con tu envoltura y ya no podré hacerme moñitos con ella, me quedaré solo con la otra mitad de ti que no pude comerme; esa la enterraré a ver si algún día crece un árbol de dulces, tal vez alguien más logre encontrarte gusto. 

Si eso haré, me convertiré en un árbol y en dónde estaba mi corazón vivirán las ardillas con sus patitas cosquilludas. Chance un día me hacen barca y ya en el mar me topo con mi viejo corazón que ya estará curtido por la sal y los taninos. Será una bolsita resistente, impermeable y suave como badana de ternero, de ella harán una vela y la pondrán en mi mástil. 

¿No les parece buena idea? Es un buen cambio para variar, ser un barco y navegar por el mundo no suena mal, ser mi propio hogar y mi marinero. 

Como tantos otros que estuvieron antes que tú, te disolverá el tiempo y tus vapores se condensaran en mis recuerdos. Claro que la mayoría de ti saldrá cuando sude, pero sabemos que algunas sustancias siempre dejan trazas en el cuerpo. Mientras tanto digámosle adiós a la hurraca, que ya se lleva tu envoltura, ya casi no la miro. 

Que no se hable más de el asunto a seguir con nuestras vidas, tu a la tierra y yo a comer bellotas para ver si cada quien por su lado logra convertirse en árbol. 



Sonrían y buena vida

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