29 jun. 2010

Para las mariposas nocturnas

Cupido y Psyque/Johann Heinrich Füssli/1810

¿Cómo es últimamente una noche de insomnio? Pues te contaré, comienza conmigo revolcándome entre las sábanas, dando mil vueltas a la almohada, golpeándola, acomodándola, siendo presa de mis pensamientos para variar.

Las noches de insomnio en estos días están llenas de visitas continuas a la cocina para preparar te con leche, maullidos del gato que me recrimina haberlo despertado, incursiones masoquistas en asuntos que me hacen romper mis promesas y autoflagelación por la leche derramada.

También están llenas de letras que me saben a merteolate, letras de las que se leen y de las que se escuchan, de las que son de otros y de las propias, de vez en cuando escojo una para después poder regodearme en la nostalgia.

Cupido y Psyque/Orazio Gentileschi

La Despedida

Vete como quien llega, pero vete,
pues ya el trigo creció para la siega.
Mi amor es como un niño que no juega
para que no se rompa su jugete.

Te irás coomo la lluvia, gota a a gota;
y yo al cantar mi canto hacia el olvido,
soy la rama que sólo ha florecido
para que no se vea que está rota.

Y mientras tú te vas sin un sollozo
yo cruzaré los brazos sin un ruego,
muriéndome de sed igual que un ciego
que se sentara en el brocal de un pozo.

O he de mirarte como el moribundo
que ve llegar la primavera al huerto,
y piensa que después que se haya muerto
no debiera haber flores en el mundo.

Pues como el monje ante su crucifijo,
que es su esperanza y a la vez su yugo,
yo sentiré la angustia de un verdugo
que debe ajusticiar su único hijo.

Vete... pero es mejor que ni en el eco
pueda sobrevivir tu voz ausente,
porque mi amor es triste como un puente
sobre la cicactríz de un río seco...

Y aunque sonría como quien engaña,
viéndote ir como quien se equivoca,
mi corazón será una araña loca
que se enreda en su propia telaraña.

Yo he de fingir un ademán de hastío
en una despedida indiferente,
pero mi amor será como un demente
que sepultará un ataúd vacío.

Y, ya lejos mi boca de tu boca,
mi alma despertará cada mañana
con su oscuro silencio de campana
que se puede tocar y no se toca.

Pues aunque digas un adíos risueño
yo sentiré que cierras una puerta,
como esa mano cruel que nos despierta
cuando soñamos lo mejor de un sueño.

José Ángel Buesa


El Amor abandonando a Psique/ François-Édouard Picot/ 1817

Y en algún momento entre las vueltas en la cama y el momento que hay que levantarse me pregunto ¿cuántas veces me he despedido haciendo la misma promesa? ¿Cuánto llevo arrancándome las uñas y partiéndome los dientes por la misma cantaleta? ¿Cuánto más de sal y merteolate?

Miro entonces como caen las polillas en el piso, esas estúpidas mariposas nocturnas de alas pardas que insisten en golpearse contra el foco hasta la muerte… y me sigo preguntado ¿hasta cuando?

Sonrían y buena vida

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