6 jun. 2010

Maldita alma casquivana


Siempre he dicho que soy como las hadas, que solo me cabe una emoción a la vez porque son tan grandes que se me desbordan por cada poro del cuerpo.

En un instante puedo sentir felicidad infinita y al siguiente ser el más desdichado de los seres, cuando mis sentimientos afloran jamás soy objetiva.

Mi corazón tampoco es la excepción, el se comporta peor que yo. Tengo la impresión de que es la razón por la que no logro encontrar “esa persona”, podría ser la facilidad con la que me enamoro y me desenamoro lo que asusta.

Y es que de una hora a otra (a veces minutos) puedo estar perdidamente enamorada de una persona (incluso hasta llegar al punto de seppuku emocional). Del mismo modo en menos que un aleteo de mariposa quiero voltear por otra el universo.

Juro que en el momento el sentimiento es sincero, es difícil confiar en una persona como yo. Se podría decir que mi alma es casquivana y mi corazón de condominio, la verdad es que disfruto demasiado de bailar sobre la flor de las hadas con los espíritus del bosque.

Es hora de aceptar que mi camino es dejar que las personas pasen por mi vida como agua de rio, que aunque digo que quiero encontrar a “esa persona” la verdad es que en muy en el fondo no lo deseo . Parece que lo único que me gusta es la sensación de amar y ser amada, sin importar el detonador de la pasión.

Es mejor vivir sin aferrarme, aunque eso aun no me ha queda claro; siempre me lo repito, nunca lo logro. Podría ser la negación de aceptarme como soy, de aferrarme a la convención de amor eterno o tal vez es que soy mala perdedora.

Hay que aceptar la cruda verdad: Soy una devoradora de corazones, deliciosos corazones de incautos e inocentes(ya algunos han sufrido por mi casusa). Soy cruel, soy egoísta, terrible y despiadada.

Pero si alguien se siente valiente queda advertido: soy como las hadas y amarme implica el riesgo de salir herido. El que acepte el desafío será amado con toda la fuerza del universo, pero bajo la consigna de que ese amor jamás será eterno.

Por mi… por mí no se preocupen, yo suelo morirme una y otra vez por un corazón roto, pero tiende ser como el bennu que renace al infinito.

La hierba mala nunca muere y las rosas nunca se enamoran, al menos no por mucho tiempo.



Sonrían y buena vida.

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