7 jun. 2010

De payasos y elefantes






Este último mes ha sido de nuevos amigos, me siento extraña porque yo nunca hago amigos con facilidad; tiendo a ser huraña con los desconocidos y suele ser un obstáculo para conocer gente nueva.

En este mes se cumple casi un año desde textiles, un semestre en el que como a Dumbo unas elefantas estiradas me degradaron a payaso. Pero he llegado al punto en que ya no me importa ser payaso (admito que alguna vez me lamenté por ello), he aprendido a reírme de mis errores y usarlos a mi favor.

Después de todo ¿Quién quiere ser un pomposo paquidermo? prefiero mil veces una nariz roja que la solemne y frígida “perfección”. Quiero reír, ser libre y capaz de reinventarme cada día, no quiero vivir con recetas, ni caminar eternamente por el lado seguro de la acera con temor a ser propositiva.

También hace un año me dijeron que la restauración seguramente no era lo mío, que era una vergüenza y un peligro para el oficio; y aunque me ha costado recuperarme de los golpes a mi ego, hoy puedo decir que me he demostrado que experimentar sin temor a equivocarse es el mejor camino.

He perdido también el temor a intervenir un objeto, ya no me importa tanto lo que digan los demás porque confío en lo que he aprendido ; aunque eso no quiere decir que me niego a escuchar opiniones y sugerencias de restauradores más experimentados que yo, siempre es bueno escuchar a los “viejos” . Al parecer esto ha funcionado, porque mis ejecuciones son más seguras y mi trabajo sale mejor.

La nariz roja me ha traído luces nuevas a mi vida, gente que tal vez es muy similar a mí. En estos días eso de ser payaso no resulta vergonzoso y voy por ahí papaloteando con la nariz por delante, lo que en combinación con mis eternos diez años mentales, logra peculiar personaje.

Me gusta lo que soy en estos días, aunque sé que es uno de esos fugaces momentos de hadita solecito todo bello y que lo más probable es que cualquier día me salga ese gato acrofóbico que vive en mi interior. Pero que importa soy un hada gato bipolar y siempre sucede del mismo modo, solo queda disfrutar del momento.

Pues a ser payaso se ha dicho, hay que correr, saltar, brincar y gritar con toda la fuerza del universo; y que pase lo que tenga que pasar.



Sonrían y buena vida.

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