30 nov. 2009

Sigue caminando


Mientras volaba en sus brazos, el gato le dio un dedal al viento, el viento no supo que era y lo tiró.

El dedal se perdido por ahí, el gato siguió su camino, con la vieja piel todavía al hombro, rascándose las costras, sobándose los huesos. El viento ya no sopla, sus heridas casi cierran y los espíritus del bosque siguen susurrando al oído.

Si alguien encuentra el dedal, sea tan amable de devolverlo que el gato está ocupado cavando una agujero donde arrojar esa vieja salea que llevaba a cuestas que ya comenzaba a apestar.

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