22 nov. 2009

El viento nucna se deteiene


El gato se adentró en la brumosa oscuridad del bosque para enterrar su vieja piel, caminó por días hasta que llegó a la parte más profunda de esté, donde los espíritus que ahí habitaban susurraron palabras de amor a su oído. Pero fue el viento del oeste el que habló con más fuerza, un céfiro juguetón y sereno quien logró enredarse en sus cabellos. El gato al que tantas veces le habían comido los ojos y el corazón, trató con todas sus fuerzas de no escuchar al viento que quería llevarle a volar, repitiéndose una y otra vez - No, no le escuches, sigue tu camino, el viento nunca se detiene, solo quiere jugar contigo y después te dejará caer-

El viento siguió intentando hasta que con sus cabriolas y dulce canto, por fin logró que el gato se sumiera en profundo letargo para dejarse envolver en un abrazo que le hizo despegar del piso. Entonces le llevó a volar por el bosque, el gato se sintió también brisa cálida y serena, se relajó y se dejó llevar. Pero fue justo en ese momento, en que de pronto el viento traidor cambio su temperamento y modificó abruptamente su rumbó, tan repentinamente que el gato solo se dio cuenta de que ya había caído de sus brazos cuando sentía su cuerpo estrellarse contra un duro y anguloso piso, escuchaba su huesos crujir al impactarse contra la roca, sentía como las aristas de la piedra rompían su piel, se clavaban entre sus costillas y penetraban hasta llegar a su corazón.

Sentía como aquel golpe removía los turbios cimientos de viejas penas, que se encontraban acumulados en sus lagrimales y percibió como un denso chapopote comenzó a escurrir de sus ojos.

Para su fortuna, los gatos tienen 9 vidas y aquel golpe no bastó para matarle, se quedó ahí tirado en el piso sin poder moverse, ahogándose en las negras lagrimas que salía de sus ojos, creyendo que moriría por el ardor que estas le provocaban, pues su llanto quemaba en sus múltiples heridas como herrete al rojo vivo. Pasaron los días, la mezcla de tierra y llanto de pena vieja comenzó a cauterizarle las llagas y formar gruesas costras que lo convirtieron en una bestia amoratada y deforme; así entonces se puso de pie, tomó su vieja piel, se volvió a cubrir con ella, y siguió su camino por el bosque.

Así me despido entonces del viento y que no se hable más de él. Aunque me deja de recuerdo una gruesa y fea cicatriz, hay que andar con pies de plomo por ese bosque, no sea que me otro viento vaya a querer hablarme al odio. ¿Y se preguntan todavia por que soy agnostica ante el amor?

Saludos, sonrían y buena vida.

1 comentario:

Josie dijo...

Me gusto mucho tu entrada.
Haz recibido un premio en mi blog, pasa a recogerlo.
Saludos!!