12 sept. 2009

Otra historia ridícula y estúpidamente absurda: El gran sapo


Los hechiceros del tiempo llevaban ya algún tiempo atrapados por un sapo gigante y albino que anidó sobre una de las huertas de la abadía, incluso corría el rumor que la era un experimento fallido de la abadesa mayor o una de sus raras y queridas mascotas.

Aquel sapo supuraba por la boca una suerte de chapopote que producía un profundo letargo y nublaba el pensamiento hasta el punto en que aquellos que entraban en contacto con la sustancia olvidaban hasta como respirar y morían asfixiados.

Los más vulnerables a sucumbir ante sus ataques eran los aprendices, quienes tenían la obligación de ir a recoger cebollas cada mañana, era entonces cuando la bestia los chupaba y los dejaba cubiertos de su viscosa baba, esa que te hacía olvidar como pensar.

Un buen día mientras los aprendices practicaban su odisea matutina de recoger cebollas y evadir al sapo, sintieron como la tierra temblaba y observaron que el piso comenzaba a resquebrajarse bajo los pies del sapo hasta crearse una gran grieta donde este se desvaneció. Con una mezcla de confusión, alivio, alegría y temor, los aprendices se quedaron observando el abismo donde la babosa bestia había caído; se seguía sintiendo como la tierra vibraba, un estruendo de excavadora y una luz se aproximaba desde las profundidades.

La abadesa mayor, una arpía de escamas rojas que exhalaba vapor de azufre por la boca, había escuchado desde sus aposentos el estruendo de la tierra rompiéndose, y bajó a la huerta a ver qué sucedía. Al llegar observó la escena y pensó que los aprendices habían matado al sapo, pero antes de poder asesinarlos a todos por la muerte de lo que efectivamente era una de sus mascotas, de la grieta emergió una gran nave excavadora y la abadesa mayor tuvo que calmar su ira para guardar la compostura ¡Era la nave de los piratas! que habían llegado desde las islas del sur para comerciar con el valiosísimo tiempo fundido y líquido del centro de la tierra.

El gato que esa mañana se encontraba entre el grupo de aprendices, observó ,todavía ofuscado por lo sucedido, como la compuerta de aquella nave se abría y miró descender al Rey de los piratas, y lo miró encabezar en compañía de la abadesa mayor la caravana que llevaba el cargamento de tiempo a la abadía, y lo miró alejarse con su pinta desgarbada y su cuerpo cubierto de tierra, y lo miró moverse torpemente como todos los seres que se habitan en las profundidades y desde entonces no pudo dejar de mirar

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