1 jun. 2009

Hace tres años

No sé que me da con Dan Brown, me causa una sensación de vacío en el estómago; no es el hecho de sus libros sean como plástico del más corriente, o que por culpa de el Código da Vinci las clases de teoría de la restauración ya jamás podrán estar exentas de un mal chiste de la Última cena. De hecho la razón de mi escozor con él no son precisamente sus libros, esos ni me van ni me vienen, admito que traté de leer el Código Da Vinci, pero a las dos horas de leer se me cansó la mano de sostener el libro y me salté a leer el final. en realidad creo que lo que me afecta del asunto son las películas basadas en sus libros, y más que las películas los hechos acontecidos el día que vi la primera que basaron en la mentada novela.

Ayer se cumplieron tres años del día en que me descosí emocionalmente en una melosa carta, después de una ida al cine, precisamente el Código Da Vinci, fue la última vez que estube bien con aquella persona y recuerdo que habló y habló toda la función. Mi madre tiene la mala costumbre de pedir boletos para la función más cercana cada que vamos al cine, y eso desencadenó a que precisamente este fin de semana mirara la ¿precuela? de aquella película que marcó el final de una ¿amistad?

Pero en fin no se pierde nada, las películas son malas como la tiurea (citando a Jaenen mi maestra de metales jajaja) al menos me alegra que mi escozor no se asocia con nada que me duela odiar.

Alguna vez me afectó no ver mis sentimientos correspondidos, ahora solo me queda la sensación desagradable de haber perdido un amigo, o lo que es peor la duda de si en realidad fue mi amigo.
Nunca lo sabré, ya no me habla y no le puedo preguntar, será mejor dejarlo ir y borrar el 31 de mayo de mi memoria.

Por último solo me queda un comentario Ángeles y Demonios es una reverenda jalada, no dejen que sus madres compren las entradas al cine jamás.

Saludos, sonrían y buena vida.

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