15 abr. 2009

Cabellos de Fénix

Pelo, esa cosa fibrosa que crece en mayor o menor proporción a lo largo y ancho de nuestros cuerpos y que tiende a tener una mayor longitud y abundancia sobre nuestros cráneos.

Su función elemental es la de proteger nuestras cabezas del clima y la radiación solar, no es más que un montón de cadenas proteicas que se acomodan en haces que emergen de nuestro cuero cabelludo, sin embargo el ser humano se ha tomado la libertad de atribuirle muchas otras cualidades.

El cabello se ha utilizado a través de la historia como un elemento estético, un simbolo de estatus o de identidad, etc., que identifica y diferencia a los individuos dentro o fuera de un grupo social determinado; además en muchas culturas es támbien receptáculo de caracteres intangibles, místicos y/o mágicos. Algunos pueblos creían que parte importante del espíritu, de ser o del alma habitaba en el cabello y al cortarlo se perdía una parte esencial de la persona, ocurriendo una disminución en la fuerza psíquica o física.

Y es que el cabello a pesar de ser un jardín de células muertas que se yergue sobre nuestras cabezas, también es un testigo simbólico del transcurso de la propia vida. Su crecimiento es una de las muchas formas en las que al mirarnos al espejo nos damos cuenta de que el tiempo ha pasado, en el incluso han quedado impregnadas partículas del medio ambiente en el que hemos estado y de aquellas cosas de las que nos hemos alimentado.

Concluyo entonces que si el cabello es entonces receptáculo del espíritu, de los recuerdos y reminiscencia de la vida misma, el acto de cortarlo implica entonces una muerte simbólica. El corte de cabello se convierte en un metafórico y ventajoso acto suicida, que brinda a aquel que la realiza la posibilidad de renovarse y renacer igual que la mítica ave fénix, pues al contrario de la vida el cabello si vuelve a crecer.

Me refiero a ello como un acto suicida por que el cabello tiene un cierto ciclo de “vida”, si es que así puede llamársele, en el que cae solito, para darle paso a cabello nuevo, sin embargo la mayoría de nosotros lo corta y modifica cuando lo cree necesario, por las más diversas razones.

Como soy un ser humano que disfruta de estos actos simbólicos para promover la propia salud mental (¿será por eso que soy fan del arte conceptual?), suelo realizar dicho ritual cada que las circunstancias me lo exigen. Siempre es propiciado por un cambio brusco, reacomodos en mi vida o situaciones extremas en mi gama emocional que ameritan el nacimiento de una nueva Isis.

Es una forma extraña de ver al corte de cabello, lo sé; pero piénsalo, es divertido imaginarse sentado en el sillón del estilista sintiendose el Bennu. Y en estos día vaya que me urgía ser como el sol, un renacimiento era imperioso, la anterior Isis salió demasiado pendeja, ilusa y frágil; ya veremos si esta nueva sale más aguantadora.
Se despide por hoy la nueva Isis, sonrían y buena vida, nos seguiremos leyendo mientras el sol siga venciendo a las tinieblas.

4 comentarios:

Meryone dijo...

la nueva meryone tiene que volver a ponerse pelirroja, pero ahora tiene que durar, que la última vez fue un baño de color

la antigua meryone tampoco tiene exactamente de quién vengarse, pero medea siempre me ha caido simpática. aunque fuera un poco drástica y expeditiva de más, la muchacha. eso no te lo voy a negar

besos

Flor dijo...

Los dos te quedan bien...
El pelo.. que importante jaja
Yo muero si me corto el pelo !
No tan así, pero algo así jaja...

Meryone dijo...

jo, los griegos son amigos

y no publiques en el facebook (o sea, no sólo en el facebook), que yo me he cargado el mío y no te puedo leer...

no hay nada mejor que internetear cuando hay que estudiar. yo tengo un problema, porque ahora tendría que dormir. :P

besos

hUitZiLopOcHtLi dijo...

Me agrada el cambio, creo que el cabello nos confiere cierta fuerza y cierto estatus... y hasta puede significar habilidad en algo, como dicen por ahí... "a mi me la ve sansón y me la peina dalila..."