22 feb. 2009

Rosa Frenesí

Así se llamaba una exposición en el Estanquillo que nunca vi, la estaban desmontando el día que Rosana Calderón nos llevó a una visita a ese museo. Aquella frase coincidió con un consejo escolar en el que ante inquisidores comentarios de su siempre dócil alumnado, nuestra señora directora se puso de mil colores, entre ellos un rosado encendido al que cariñosamente bautizamos con aquella frase: Rosa Frenesí

El Rosa Frenesí apareció de nuevo hace un par de semanas, cuando mi grupo cometió la osadía de cuestionar los métodos empleados por el maestro que nos habían asignado para la materia de Historia de los Bienes culturales III. El asunto se nos salió de control, el catedrático se sintió gravemente ofendido, por lo que en medio de lo que pareció un gran berrinche corrió a la dirección para acusar a sus malvados alumnos, emitió su renuncia y abandonó la ENCRyM para jamás volver. Aquí es donde entra en escena nuestra adorada directora, quien se encargó de regañarnos por nuestros actos impíos, después de todo que sabe un puñado de alumnos sobre lo que debe aprender, la gente va a la escuela para sentarse y escuchar, nunca para cuestionar, mucho menos para emitir sugerencia alguna a un doctor que los sabe todo.

He de admitir que enterarme de cuál es la verdadera función de las escuelas me tenía un poco deprimida, lo cual combinado con otras cosas que ya estaban pasando en mi vida me metieron un tremendo impulso por mandarlo todo al carajo. Y así pasé los días, sumergida en la amarga depresión, hasta que coincidentemente con mi cumpleaños nos llegó el maestro nuevo, un tipo bastante peculiar, de pinta desgarbada, distraído y algo desordenado, casi se podría decir que la antítesis de nuestro ex profesor. Bastaron 20 minutos para que me dieran ganas de abrazarlo, por fin una clase de historia del arte antiguo que estimula mi cerebro; contrario a su predecesor en ningún instante tuve el impulso de golpearme contra la pared o perforarme el cráneo con el bolígrafo. Hay maestros que te hacen sentir que el tiempo que pasas aplanando tu trasero en las bancas de la escuela tiene sentido, y este es uno de esos casos.

Lo único que puedo agregar por el momento, es que el regaño y la cara Rosa Frenesí de la directora valió la pena, estoy contenta con la nueva clase de historia, y por el momento dejaré en el cajón un rato más mi deseo de mandarlo todo al diablo, creo que me han surgido nuevas ganas de darle otra oportunidad a la escuela y esperar a ver que pasa.

3 comentarios:

Flor dijo...

Que mal lo de la escuela pero bueno, es así no?..

Mi ánimo está paralizado jaja, no es ni muy bueno ni muy malo, está ahí esperando ser repuesto.
Tiempo al tiempo no?

Si resignarse significa que estés mejor, entonces seguí así !!!

Meryone dijo...

de vez en cuando tenemos un profesor que hace que estudiar valga la pena. estudiar, no aprender, que todos sabemos que es algo que se hace fuera de la escuela

ayer tuve otra vez la misma conversación con un chico que no terminó lo que vosotros llamáis la prepa y que sabe más de cuestiones lingüísticas que muchos licenciados en filología (y por esto de que la filología es lo mío, conozco muchos) que conozco. qué importa no haber terminado el instituto si luego aprendes lo que te interesa? a veces pienso que los tontos somos los que hemos tenido (seguimos teniendo) el culo sentado tanto tiempo...

me encanta tu reinterpretación disney. especialmente la bella cazafortunas con bestia hecha tapete. joder, que al final es así... que los cuentos de disney no existen fuera de disney. y, pese a ello, repito que las películas me gustan. pero que usen guiones originales, por favor!!

besos

hUitZiLopOcHtLi dijo...

yo en la secundaria hice llorar a una prefecta, esas cosas pasan :P