8 dic. 2008

Necedades


La reintegración cromática en restauración, consiste en eliminar faltantes de color o de imagen, que los especialistas de esta área llaman lagunas. Este proceso es necesario en algunos casos, por que las lagunas se convierten en ruidos visuales que llaman más la atención que el objeto mismo sobre el que se encuentran. Como en todo existen opiniones encontradas al respecto de este procedimiento, así como distintas formas y criterios para llevarlo a cabo. Con esto me refiero a cuestiones de técnica y manejo de materiales, y a aspectos que atañen a la teoría de la restauración, que se adaptan al objeto que se está interviniendo.

Reintegrar una superficie reflejante no es una tarea fácil, puede resultar frustrante, por que el color que aplicas nunca deja de verse cómo una mancha, que a veces se nota incluso más que la laguna. Imitar las características visuales del metal lustroso, con pinturas al barniz que son mate, resulta imposible y es tonto querer lograrlo; pero cuando uno es novato y orgulloso suele olvidarse de este hecho; esta última práctica de campo fue prueba de ello.

Me pasé dos días peleándome con una bolsa de alpaca que había perdido el recubrimiento, tratando de que se notara lo menos posible. Es obvio que nunca lo iba a lograr, pero un arranque de estúpido orgullo, me obligaba a seguir. No sé que intentaba probar, pero no puedo seguir actuando de tal modo, porque lo único que conseguiré es mucha frustración y una ulcera marca diablo.


La verdad nunca fui muy buena en pintura que digamos, mi manejo de los materiales deja mucho que desear, se lo atribuyo claro, más a la falta de empeño que a una carencia de habilidad. La reintegración se ha vuelto como dicen mi “coco”, aunque es más una carga auto impuesta que externa, parece que me pesa demasiado haber pasado 4 años en el Instituto de Artes, y mi poca habilidad técnica me da la sensación de que la pasé de noche. Cómo hacerle entender a ese espíritu perfeccionista que me posesiona siempre que comienzo una tarea, que la perfección no existe y menos cuando de burlar a Chronos se trata; que no tengo que probarle nada a nadie, ni ser la mejor reintegradora para justificar el tiempo invertido en la escuela de artes, aunque ya no se cómo sería eso posible si reintegrar es tan distinto a pintar.

Parece que la estadía en Veracruz me ha movido muchas cosas, más de las que yo creía o esperaba.

3 comentarios:

Castrodorrey dijo...

Pues no. No te soltaré un bla, bla...común y corriente.
Llegué aquí desde un comentario en otro blog, y al leer esta entrada, me surge una clara opinión: eres una artista. ¿Que más puede importarte?
Se que el perfeccionismo, es una cuita muy clavada en el alma de cualquier artista. Pero la experiencia me ha demostrado, que los mejores son los más veteranos. Lo que quiere decir que, cuando se aprende a superar ese tipo de quimeras espirituales, en ese momento, es cuando se halla el verdadero arte.
Bueno, no quiero que suene a bla, bla...jejeje...solo decirte que al leer tu post, sin tener la más peregrina idea del arte que te ocupa, entendí perfectamente el sentido. Razón que me parece suficiente para seguirte.
Saludos cordiales desde Sevilla, España.

Meryone dijo...

te he contado alguna vez que ser restauradora es una de mis vocaciones frustradas más frustrantes

soy tan patosa que rompería todo y me caería encima de los cuadros y esas cosas...

pero me parece tan maravilloso!

aquí cocemos habas y de todo. puedes venirte y así, en vez de vender tacos, vendemos habas en cucuruchos. pueden tener salida

:P

beso

Meryone dijo...

no, hija, no

no tenemos tiendas de restauración en cada esquina

pero las calles claro que son de chocolate. según la zona, blanco, con leche o solo. en zonas pijas, incluso con almendras

:P

(lo maravilloso que sería tener calles de chcolate, vive dios!)

(y ahora empiezo a canturrear mentalmente "willy wonka, willy wonka!")

besote